jueves, 19 de agosto de 2010

El amo de las cuatro cuerdas

Y te escondías bajo una mirada distante, detrás de cuatro cuerdas texturazas y el arma con brillo. Brillo, eso te carcomía porque te empecinabas en esconder, esconder-te.

Y las gentes vagaban y pasaban y simplemente pasaban a tu lado, ignorando, ignorando-té.

Todo giraba, alcohol, risas, porros, cigarros y otras yerbas. Toda una atmósfera nauseabunda y todos seguían ahí, sin ver.

Ella pasaba y solo era un par de tetas, un vaso más, vacío, para el resto de las gentes. Una bocanada de humo y deseo esquizoide de nadie.

Ella era más que eso, pensó, ella llevaba dolor en su garganta, proyección hostil en su voz y frentes de tormenta a cuestas.

No era de nadie y todos seguían ahí, sin verla.

La música disco aturdía aún a los muertos, el frenesí, los movimientos sensuales, sexuales, se apoderaban de todo y de todos.

El habló, quizás una idiotez, pero ella se estrelló ante sus palabras.

Todo se detuvo.

Se detuvo su vida ante su mirada, esos ojos, quizás…soñados?...quizás?

Era él su musa de poemas escritos al viento? El amo de sus sueños, Morfeo? La voz de su conciencia? El príncipe sin espada? Su caballo de papel…? Cómo saberlo…era él, simplemente él.

Jamás lo imaginó, porque ya simplemente ninguno de los dos esperaba nada. Jamás creyó que en ese lugar frívolo y carente de ideas ella iba a encontrar al amo de las cuatro cuerdas texturadas.

2 comentarios:

Petardo Contreras dijo...

Que lindas cosas y excelente la selección de cuadros!
Salute

La hija de la Lagrima dijo...

Gracias Petardo! Esta es mi valvula de escape y la unica vez en mi vida q hablo en serio y escribo lo q me sale. Tu blog es genial,realmente me diverti muchisimo.

Beso grande!